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Los vinos recomendados para las fiestas en verano

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Estando a fines de diciembre con temperaturas que superan los 28° C, el tipo y el tenor alcohólico de los vinos a presentar juegan un papel muy importante en las fiestas.

Muchos de los platos, inspirados en la tradición navideña de nuestros ancestros, provienen de países cuyo clima en diciembre es invernal, con bajas temperaturas e incluso nevadas, por lo que los alimentos son altamente calóricos (léase turrones, avellanas, nueces y almendras, pasando por los panettones y el clásico lechón adobado). Ante tantas calorías, nuestros paladares exigen un trago fresco, pero también un vino que ayude en la digestión.
 
No deben faltar en la mesa navideña blancos frescos, como un Chardonnay joven o un Pinot Grigio para terrinas de verduras o pollo asado de simple manera, un Sauvignon Blanc para la clásica ensalada Waldorf o un Viognier para acompañar canapés con salmón si los hay. En todo caso, estas variedades son acoplables a todos los paladares y poseen una mayor versatilidad para maridarlos con platos.

La presencia de algún vino rosado, para combinar con fiambres, donde desplegará todas sus artes como un verdadero comodín que logra acomodarse a diversos sabores, avanzando sobre el vitel tone y a veces llegando con agrado a las carnes fuertes. 

El vino tinto nuca falta en la mesa argentina, preferido indiscutido de las mayorías. Pero atención, no olvidemos el calor. Optemos por tintos de graduación alcohólica moderada, y no dudemos en bajarles la temperatura con un paso por la heladera o frapera (sí, leyó bien; pero refrescar no es helar). Tintos jóvenes y en variedades como el Malbec o Bonarda acompañarán los platos de carne. Si el protagonista es un lechón o cochinillo, el Tempranillo será su pareja ideal.

Cierre con espumantes, indiscutidos protagonistas del festejo. A los efectos de brindar, cualquier tipo de espumante servirá para ese fin, pero el tema se complica si intentamos acoplarle a la fuerza los turrones y el pan dulce. Las notas a levaduras y pan tostado de algunos espumantes en versiones Brut hallarán una grata compañía en los frutos secos, mejor aún si están tostados, o en panettones con castañas, nueces y almendras. 

Pero si lo que se trata de hacer es acompañar toda la cena de principio al fin con un espumante, aquellos que en su composición tengan una importante presencia del Pinot Noir, o algún rosé, podrán tener mayor estructura para soportar tanto preparaciones contundentes como postres. Entre platos, algún batido de helado de limón o pomelo con vermouth blanco o rosado pueden aportar una interesante pausa refrescante.

La CANTIDAD Y EL TIPO DE VINOS que compraremos dependerá del número de comensales adultos, el menú, los gustos generales y cuántos conductores designados hay. Por lo general, calcularemos una botella de vino cada dos personas, una de espumante cada cinco y de todo esto, restaremos un poco si comenzamos la noche con aperitivos.

Tan importante como la elección de las bebidas es procurarse los elementos que hacen de soporte: sacacorchos, fraperas, copas (por lo menos para el espumante).Tenga en cuenta las fraperas, debemos plantar una botella cada seis u ocho personas, y si son de blanco necesitarán del frío sí o sí (y si son de tinto, recuerde que siempre viene bien poder refrescarlas cuando hace mucho calor).

Un detalle especial puede ser una mesa dulce, preparada especialmente con bebidas que la acompañen. Se puede jugar y armar tragos con vinos (una idea más osada, pero que últimamente está muy de moda), e inclusive conseguir cocteleras y presentar los ingredientes, incitando a los que se animen a que nos sorprendan con alguna creación.